viernes, 26 de febrero de 2010

Despertar

Curiosamente dormí muy bien, y tuve un lindo despertar. Todavía no es la hora y puedo quedarme algunos minutos más en la cama, disfrutando de ese calor de sábanas que me lleva a mi infancia.
Soñé, y mejor aún, recuerdo el sueño. Yo tendría unos diez años y caminaba con mi padre por el campo, cansados y algo sucios: veníamos de cazar. Yo cargaba mi primera liebre y estaba orgulloso, y creo que mi padre también lo estaba. Un andar sereno pero sin pausa, la mano fuerte de papá sobre mi hombro, silbando juntos un tango que tanto le gustaba a mamá; volvíamos a casa.
Casi llegando, en la tranquera, la vieja nos esperaba nerviosa con Asunción, en sus brazos. Un poco de humo se escapaba por la chimenea, presagio de una cena deliciosa.
Me desperté antes de entrar a casa.
La sentencia espera, y será cumplida sin retrasos. En unos minutos más Pedro, mi carcelero, vendrá a buscarme. Después de tantas partidas de ajedrez y mates compartidos, creo que esto tampoco será fácil para él. Todavía queda un mate por conversar.
Desde mi celda puedo ver al sol espiando desde el horizonte, incendiando el trigo del campo -(¡Hoy podría ser aquel día de caza!).
El canto de un gallo se repite en el aire.
Y yo, tengo ganas de llorar.

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